Crear y reinventar, The Magician.

Una de las cosas que más me llaman la atención de Miro, que me hacen admirarlo aún más y que aparte me motivan a saber más y más sobre él y sus métodos, es su pasión por experimentar en múltiples disciplinas.

En los anos 60, Miro trabajaba en soportes muy variados, como cartón, papel, tela convencional, trapos viejos, reciclados y ensayaba también técnicas como cerámica, escultura, grabado y litografía. Pasaba de un soporte a otro y de una técnica a otra para reinventarse pieza tras pieza y evitar caer en la repetición. En este aspecto, nos queda claro la pasión que el arte le producía, volcándolo de lleno en una incansable búsqueda de la espiritualidad, de la libertad y si se sentía satisfecho con la obra, también de la paz.

De esas técnicas, disparatadas, motivadas por la emoción de un trabajo continuo, nació el azul acuoso que daría lugar al tríptico Blue I,II y III, obra maravillosa del artista, que deja sin palabras a quien tenga la suerte de admirarla y que hoy se encuentra en el Centro Pompidou en Paris. Tres telas de 270 x 335 cm cada una. En la foto, Blue III.

bleu III, Miró

Aquel azul, surgió de los pinceles usados en una jornada de trabajo en el atelier de Sert, en la que él y otros pintores habían estado trabajando.

Para culminar su obra, Miró rescató de su inconsciente, de su profunda búsqueda por la simpleza, del encanto que sentía por la desnudez, los símbolos caligráficos que lo acompañan.

“En mis cuadros hay pequeñas formas dentro de grandes espacios vacios. Los espacios vacíos, los horizontes vacíos, las llanuras vacías, todo lo que está desnudo me impresiona enormemente. Dentro del ambiente visual contemporáneo, me gustan las fábricas, las luces nocturnas, el mundo visto desde un avión. Vista desde el avión por la noche, una ciudad es una maravilla. Y desde un avión se ve todo. Desde un pequeño personaje a un diminuto perro. Y esto adquiere una enorme importancia, como, en un negro absoluto, durante un vuelo nocturno sobre el campo, una o dos luces de campesinos”. (Joan Miró en la revista XXe siècle, febrero, 1959).

Más tarde, Miró experimentaría algo similar pero usando un soporte diferente. En su obra titulada Pintura, de 1962, aplicaría los mismos símbolos, sobre una tela vieja, con manchas de solvente y barniz que, muy contrariamente a ocultarlos, usó como punto de partida y sin los que su obra maestra no sería la misma.

Una tela sin bastidor, por tanto, sin soporte por detrás, lo cual hace que la pintura y el gesto se muestren tal cual, con sus imperfecciones y extrañezas, sugiriendo una realidad accidentada, nocturna y astral.

De una disciplina a otra, de un soporte a otro y en los próximos post, de un objeto a otro, cuando hablemos de su escultura.

Pintura, Miró, 1962

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Arte de rua

arte de rua. karina valderramaArte de rua. karina valderrama

Cómo me gusta caminar por el parque Ibirapuera.

Te puedes llevar una linda sorpresa en cualquier momento. Como esta iniciativa de la escuela Panamericana de Arte, en conjunto con el parque Ibirapuera. Ellos llevaron a cabo una propuesta del artista Eduardo Srur para salvar los árboles en mal estado.

ARVORES CAIDAS (árboles caídos)

Definitivamente una llamada de atención a todos los ciudadanos, quien como yo, paseamos un domingo cualquiera y nos maravillamos con las vibras positivas de las personas, quienes descontraídas y de buen ánimo, pasean a sus perros, conversan entre ellas, hacen ejercicio, alimentan a los patos con sus hijos o simplemente deciden tener un día de picnic rodeados de naturaleza y arte. Un escenario positivo para recibir cualquier mensaje.

Para ayudar, cada vez que vean un árbol en mal estado, sólo hay que subir la foto a Instagram con #arvorescaidas.

arvorescaidas.com.br.

El Santuario del artista

“Trabajo por la mañana. Trabajo en la tarde. Y cuando no trabajo, continúo pensando en el trabajo. Inclusive cuando duermo, continúo pensando en él de forma inconsciente”. Joan Miró. (Texto tomado de la entrevista de Michael Gibson a Joan Miró en 1980).

Pensando en esto, me encontré este texto maravilloso, escrito por Joan Punyet Miró, nieto de Joan Miró cuando conoció por primera vez el taller o atelier de su abuelo. Un texto lindo, lleno de detalles, escrito por un adulto que, cerrando los ojos, volvió a vivir aquélla escena de su infancia como sólo un niño lo puede hacer. Aquí vamos…

El Santuario del artista

El Santuario del artista

“…El 20 de abril de 1978, cuando mi abuelo tenía ochenta y cinco anos, pude entrar en su estudio, acompañado de la abuela Pilar y de mi hermano Teo. Fue la única vez que visité a Joao Miró en su taller de Sert.

Todavía puedo oír el ruido de los escalones mientras bajábamos por la escalera de madera y la dulce voz de Pilar llamando a su marido. Continuamos bajando hasta llegar al piso de abajo. Una vez ahí, recuerdo que me fascinaron los colores que irradiaban de sus obras. Yo, no era más que un chico curioso, que sin poder dimensionar la importancia del momento, fui sorprendido por la frescura, vitalidad, pureza y energía que emanaban de aquel entorno.

También me acuerdo del olor de la tinta acrílica y de óleo, del aguarrás, de gasolina y de otros materiales esparcidos por el estudio…

La pinacoteca, compuesta por los más variados objetos, encontrados en sus paseos por las cercanías, producía sensaciones que liberaban una chispa, cuyo origen provenía del cúmulo de una gran tensión espiritual. Recorriendo el espacio, vi que entre los esqueletos de ranas, serpientes y pájaros, entre las conchas y las piedras, los insectos y los demás objetos, había un muñeco de plástico mordido por perros, con el cual yo acostumbraba jugar en la infancia. Me apuré en preguntar porqué uno de mis juguetes preferidos estaba ahí, preso, y mirando a Pilar, con la esperanza de recibir una explicación, obtuve como respuesta una tierna sonrisa que apaciguó mi curiosidad.

Para mí, fue como sumergirme en un mundo imaginario, un universo creado por un hombre apenas, en el cual sólo él podía conceder la libertad de soltar el gesto o el impulso inclusive de atacar cualquier tela, cartón o papel que estuviera en el piso, encima de una mesa o apoyado contra la pared.

Las obras más grandes estaban en la parte más distante de la entrada y llamaron mi atención por el colorido de sus fondos y por la contundencia del trazo que les infundía una luminiscencia leve e frenética. El conjunto, se asemejaba a lo que en una obra de teatro sería el escenario, estando los cuadros menores a los lados de las piezas monumentales. Recuerdo que había grupos de ocho o de seis telas pequeñas esparcidos por el piso, en las cuales Miró trabajaba simultáneamente.

Las formas que daban equilibrio a la composición eran negras, como si la pintura hubiese sido aplicada en pinceladas espesas y consistentes. Algunos colores parecían haber sido salpicados con la ayuda de un pincel y otros, pasados directamente con la punta de los dedos. Tenía que moverme con cuidado para no tropezarme con algún cuadro o con la punta de una de las mesas, llenas de botellas, pinceles y latas de pintura.

Sin duda, uno de los detalles que más me impresionó, fue la enorme cantidad de telas en blanco, que el artista tenía preparadas para trabajar en el futuro. Este detalle confirma que, a pesar de sus 85 anos, Miró no daba su brazo a torcer”. (Tomado de Joan Miró y la Poética existencial, Joan Punyet Miró).

…Lo que podemos sentir ante este espectáculo es cosa de cada uno.

Miró Miró Miró

El anonimato me permite renunciar a mi mismo, pero al renunciar a mí mismo me afirmo más… El mismo proceso me hace buscar el ruido escondido en el silencio, el movimiento en la inmovilidad, la vida en lo inanimado, lo infinito en lo finito, formas en el vacío y a mí mismo en el anonimato” (Joan Miró 1959. Tomado de Joan Miró y la poética existencial, por Joan Punyet Miró).

Encuentro en estas palabras una especie de sabiduría universal… “Pintura”de 1960 es una de las obras creadas en este período por el artista.

pintura, arte, karina valderrama, miro. joan, joan miro.

Más de allá de un simple trazo sobre un pedazo de madera reciclada, despostillada, llena de manchas y de marcas, vemos la libertad creadora del hombre que a solas, se atreve y se desafía, confiando, sin tener nada más que perder que la posible insatisfacción por su propia creación.

En este intento único y sin testigos, Miró simplemente se deja llevar, buscando incansable las salidas, entregándose al arte. Unas sutiles líneas a lápiz, ya existentes en la madera, le sirven de inspiración para crear una línea negra más gruesa y firme y desencadenar la obra.

águas

KARINA VALDERRAMA

“águas” es la nueva exposición individual simultánea en la que estoy participando con las artistas Edna Canoso y Marinalva Rosa. El trabajo es interesante porque las tres artistas fuimos trabajando en el concepto de manera independiente y sólo un ano después nos juntamos para estudiar la exhibición del mismo.

“águas”, lleva acento porque es un nombre en portugués y está en minúsculas porque no habla específicamente del elemento agua, sino de “las aguas”, esas que van y vienen, que a veces son calmas y otras turbulentas. “Las aguas”, que son un espejo del mundo y las que, influenciadas por nuestras memorias y experiencias nos hacen ver una imagen diferente.

Los dejo con algunas fotos de la muestra que está en exhibición en el Salón de exposiciones del Palacio Municipal de Santo André, Sao Paulo, Brasil. (Praca IV Centenario s/n- centro- Santo André). De Martes a Domingo de 2 a…

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Tras los cuentos de tus botas

Vincent Van Gogh Un-par-de-botas 1886 oleo sobre lienzo, 37,5 x 45 cm

Un par de botas, óleo sobre lienzo, 37,5 x 45 cm, 1886. Museo Vincent Van Gogh, Amsterdam.

Un día de 1886, Vincent Van Gogh pintó este par de botas viejas, desgastadas de tanto uso y ciertamente feas.

Qué lo motivó a pintarlas? Alguna vez se sintieron conmovidos por la belleza que encierra la fealdad, la flacidez en la piel de un anciano o las grietas de viejas heridas?  Tal vez Van Gogh sí, o tal vez simplemente quiso pintarlas tal cual las veía.

No podemos dejar de notar que, aunque es una obra de la primera etapa de Vincent como artista, éste ya plasmaba su particular visión de las cosas, del mundo, pues su trazo exagerado, de pinceladas gruesas y cúmulos de tinta, nos dejó ver algo más sobre ellas. Nos dejó sentir su desgaste y más aún el cansancio y la fatiga de quien las usó.

En esta época, Vincent tenía 33 años y vivía con su hermano Theo en Paris, de manera que no existen cartas en donde podamos tener más información sobre las botas. Aquí es donde comienza la especulación.

Un par de botas, no es de las obras más conocidas, ni de las más coloridas y populares producidas por Vincent Van Gogh, no ha batido record de cotizaciones  en las casas de subastas, sin embargo, este par de botas  son quizá los zapatos más discutidos de la historia del arte.

Qué quiso decirnos Van Gogh? Porque, la verdad es que no es placeroso mirarlas, uno llega a percibir el polvo y  hasta el olor que sale de ellas… como hoy nos ocurre frente a una obra contemporánea…

Por qué alguien en esa época iba a querer colgar un par de botas desgastadas y sucias en su sala?,  si Vincent vivía constantemente sin dinero, por qué iba a pintar este par de botas sin intención de que alguien las comprara?

Tal vez sólo fue un simple ejercicio en el que trabajó con los tonos marrones, un ejercicio en el que trató de ser lo más realista posible o quizá, viéndolo desde una perspectiva más romántica, esas botas no sean sólo un par de botas

Las viejas botas de Van Gogh han desatado polémica entre grandes filósofos, historiadores de arte y pensadores.

El primero fue el filósofo alemán Martin Heidegger  que decía se trataba de los zapatos de una campesina. Que a través de las botas, Van Gogh trató de presentar la escencia general de las cosas,  pues al verlas, dejamos de ver solamente esa imagen y podemos palpar, imaginar  y sentir el arduo trabajo de labrar la tierra.

Con otro punto de vista, Meyer Shapiro, historiador de arte estadounidense, 30 años después que Heidegger, dijo que se trataba de las botas del propio Van Gogh, viéndolo como un hombre de su época y de su ciudad. Para él las botas eran un autorretrato del artista y simbolizaban la idea de su vida, llena de penumbra, nómade, transitoria, sin un lugar propio.

Jackes Derrida, filósofo francés, contrariamente a los dos anteriores, dijo que las botas no formaban un par, sino que pertenecían a dos pares distintos. Que al verlas, lo cierto se vuelve una duda y que por tanto, la obra se convierte en la estructura del pensamiento occidental. Como un rompecabezas sin resolver.

Sin importar quién tiene la razón, lo importante es la discusión, el debate.

Una vez, un amigo de Van Gogh comentó que éste había comprado las botas usadas en un mercado de pulgas, pero que estaban lustradas y limpias. Después de una caminata bajo la lluvia, Van Gogh decidió pintarlas porque las halló más interesantes.

También sabemos que Van Gogh no tenía dinero para contratar modelos y que por eso pintó los objetos que estaban a su alcance.

Los críticos dicen que Un par de botas representa la opción moderna al bodegón clásico, retirando lo suntuoso para resaltar lo que normalmente no llamaría nuestra atención. En este punto, también entendemos un poco más el concepto de arte de Van Gogh. Para él, el arte era el hombre añadido a la naturaleza, por tanto le daba tanta importancia a un par de zapatos, como la que le hubiera dado a un retrato o a un paisaje. El encuentra en ellos la belleza de lo que son en su cotidianeidad… qué hermoso no?

Ante tanta discusión, mejor es sólo admirar y cada uno imaginar nuestra propia historia, acaso no es eso una de las maravillas del arte?

Vincent Van Gogh y las 3 habitaciones en Arlés

Vincent Van Gogh La habitación de arlés 1888
La habitación en Arlés, óleo sobre lienzo, 72 x 90 cm, 1888. Museo Van Gogh, Amsterdam.
755px-Vincent_Willem_van_Gogh_abril 1889
La habitación en Arlés, óleo sobre lienzo, 72 x 90 cm, abril 1889. Art Institute de Chicago.
Vincent Van Gogh La habitacion  de arlés 1889La habitación en Arlés, óleo sobre lienzo, 57,5 x 74 cm, 1889. Museo de Orsay, Paris.
Este post no es para comentar la vida de este maravilloso artista, por el que siento una especial admiración, atracción, afecto…Fue el primer pintor del que leí cuando me asomaba al mundo del arte y del que me enamoré perdidamente desde entonces.
Si tuviera la suerte de conocerlo hoy, lo abrazaría y le diría que es grande entre los grandes y que tal vez su misión como el pastor que pretendió ser, la cumplió y rebasó siendo pintor. Siendo ese pintor incomprendido, adelantado a su tiempo, desencajado entre los movimientos artísticos y vigente aún en nuestra contemporaneidad.
Un artista que con su sensibilidad y particular forma de ver la vida, inspiró y sigue inspirando a miles de personas que al contemplar sus obras y, sin palabras, se sienten tocadas….por el arte.
Vincent Van Gogh se descubrió como pintor a los treinta años y tuvo siete años de producción antes de morir. Sabemos de su esquisofrenia, era un hombre nervioso, depresivo, con altibajos, un hombre que buscaba ser querido y aceptado, que sufrió múltiples decepciones y que pasó mucho tiempo en soledad… quizá por eso pudo dar al mundo tremendo regalo.
Pero también era un hombre que hablaba seis o siete lenguas, que fue pastor, director de galería y por sobre todo, un artista que pintó más allá de lo que veían sus ojos, un artista que con su gestualidad plasmó el ser, el sentir… que pintó el alma.
La habitación de Arlés es una de sus últimas obras, pintada por primera vez en Octubre de 1888, un año antes de su muerte.
Pero, sabían que existen otras dos habitaciones de Arlés? Sí, Vincent pintó dos copias casi idénticas,  de este cuadro maravilloso.
El original lo pintó mientras esperaba la visita de su querido amigo Paul Gaughin en Arlés y se deterioró en una inundación que ocurrió poco después en el mismo lugar. Vincent envió el cuadro a su hermano Theo y éste se lo devolvió para que lo copiara antes de restaurarlo.
En abril de 1889, Vincent pintó la primera copia, a escala original y la envió a su hermano Theo junto con el original de 1888.
En el verano de ese mismo año (1889), Vincent, ya en el acilo de San Remy, decidió hacer algunas reducciones de sus trabajos preferidos, entre ellos La habitación de Arlés. Esta tercera copia, que difiere en mayor medida de las otras, fue enviada a su madre y a su hermana Wil. En este período, Vincent se encontraba recuperándose de una depresión nerviosa y no tenía energía suficiente como para salir a pintar. Diez meses después, se suicidó.
El cuadro, como bien dice su nombre,  muestra su habitación en Arlés, una habitación simple, con una cama, dos sillas y algunas cosas personales. Es la gestualidad y la combinación de superficies de color, aplicado en pinceladas gruesas, sobrepuestas, lo que compensa la inestabilidad de la perspectiva, típica en tiempos de los impresionistas. Los colores, intensos, vibrantes, se inspiran en las estampas de los tejidos japoneses, que admiraba.
A lo largo de su vida, Vincent se escribió frecuentemente con su hermano Theo, que apoyó su carrera artística desde siempre y gracias a sus cartas, podemos conocer las motivaciones sobre sus obras. Al final del post coloco la traducción en inglés de la carta que escribió sobre este cuadro a su hermano Theo, la traducción en español y el boceto del cuadro.
¨Esta vez, es sencillamente mi dormitorio,  lo único que tiene que llamar la atención es el color. Debe sugerir tranquilidad, o, mejor dicho, simplemente sueño¨ (Vincent Van Gogh)…
 … Sin embargo, la pintura transmite cierta angustia. El piso, en una pendiente aguda que parece caerse, paredes inclinadas, los muebles ladeados, la ventana entreabierta, los cuadros torcidos, los colores puros, sin sombras y la línea negra que rodea los objetos.  Estos detalles reflejan cierta tensión con el concepto de la habitación ordenada, simple y limpia que se representa, quizá el deseo de tener un hogar afectuoso, cálido, confortable, lo cual chocaba dramáticamente con su realidad, llena de soledad y austeridad.
Sabemos por sus cartas, que La habitación de Arlés fue una de las obras preferidas de Vincent Van Gogh y sin duda lo es también de muchos, que ojalá tengan la suerte de contemplarla algún día.
My dear Theo —
At last I’m sending you a little croquis to give you at least an idea of the direction the work is taking. Because today I’ve gone back to it.
My eyes are still tired, but anyway I had a new idea in mind, and here’s the croquis of it. No. 30 canvas once again.
This time it’s simply my bedroom, but the colour has to do the job here, and through its being simplified by giving a grander style to things, to be suggestive here of rest or of sleep in general. In short, looking at the painting should rest the mind, or rather, the imagination.1
The walls are of a pale violet. The floor — is of red tiles.
The bedstead and the chairs are fresh butter yellow.
The sheet and the pillows very bright lemon green.
The bedspread scarlet red.
The window green.
The dressing table orange, the basin blue.
The doors lilac.
And that’s all — nothing in this bedroom, with its shutters closed.
The solidity of the furniture should also now express unshakeable repose.
Portraits on the wall, and a mirror and a hand-towel and some clothes.
The frame — as there’s no white in the painting — will be white.
This to take my revenge for the enforced rest that I was obliged to take.
I’ll work on it again all day tomorrow, but you can see how simple the idea is. The shadows and cast shadows are removed; it’s coloured in flat, plain tints like Japanese prints.
It will contrast, for example, with the Tarascon diligence2 and the night café.3  1v:2
I won’t write to you at length, because I’m going to start very early tomorrow with the fresh morning light, to finish my canvas.
How are your pains? Don’t forget to give me news about them.
I hope you’ll write in the next few days.
One day I’ll do you some croquis of the other rooms as well.
I shake your hand firmly.
Ever yours,
Vincent
Traducción de la carta español:
Esta vez simplemente reproduce mi habitación; sólo el color tiene que hacerlo todo, dando un estilo grandioso a los objetos con su simplificación1 , llegando a sugerir un cierto descanso o sueño. Bueno, he pensado que al ver la composición dejamos de pensar e imaginar. He pintado las paredes de violeta claro. El suelo con el material jaqueado. La cama de madera y las sillas, amarillas como mantequilla fresca; la sábana y las almohadas, de verde limón claro. La colcha, de color escarlata. La ventana, verde. El lavabo, anaranjado; la cisterna, azul. Las puertas, lila. Y, eso es todo. No hay nada más en esta habitación de contraventanas cerradas. Las piezas del mobiliario deben expresar un descanso firme; también, los retratos en la pared, el espejo, la botella, y algunas ropas. El color blanco no se aplica al cuadro, así que su marco será blanco, con la pretensión de conseguir el descanso obligatorio que me recomiendan. No he representado ninguna clase de sombra; sólo he aplicado simples colores planos, como los de las crêpes (estampas japonesas).
carta a Teo cuarto Arles 1888
sketch cuarto Arlés 1888